Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

Los políticos siempre trabajan en función de su rentabilidad electoral y la de su partido, como es lógico, de acuerdo a su actividad, si quieren tener éxito en ella. Así es en todo el mundo.

Sin embargo, a pesar de esto, hay algunos que no son bienintencionados y son capaces de quemar su casa por ver arder la ajena, ignorando que los políticos, aunque se mueven en la esfera del poder, también se supone que están o aspiran a estar dentro de la esfera de la función pública, por tanto, también deben tener una vertiente social y de servicio, que al final de cuentas, si la llevan bien, también les redundará en lo electoral finalmente.

¿A qué me refiero cuando digo que algunos políticos son capaces de quemar su casa con tal de ver arder la ajena? Al hecho de que, con tal de desacreditar a un opositor, le impiden por todos los medios y argucias posibles que hagan obra social y pública de gran beneficio, porque, a la par de que benefician a la gente de forma directa, se eleva su popularidad, lógicamente.

Por eso, hay que estar preparados, pues en estos tiempos que se avecinan, muchos funcionarios son bloqueados por argucias legaloides para no poder actuar correctamente.

Recuerdo el caso, no muy lejano en el tiempo, cuando hace algunas administraciones a un alcalde porteño que se estaba destacando por hacer obras que beneficiaban grandemente a la población, especialmente a los grupos más vulnerables, como discapacitados, adultos mayores, madres solteras, etc., su propio Cabildo se le volteó, se le puso en contra, y sin importarles la afectación que se estaba causando a esos grupos tan necesitados y a la población en general, trataron de perjudicarlo bloqueándolo por todos los medios posibles. Se paralizó la entrega de despensas, de uniformes y calzado escolar, apoyos deportivos, becas y todo tipo de pensión o ayuda municipal, todo para dañar la imagen del alcalde, y evitar que pudiera acceder a una posición de poder más importante.

Esto lo hicieron los miembros del Cabildo de oposición, apoyados por algunos enemigos de su propio partido incrustados en aquel cuerpo edilicio. Y con tal de ver arder la casa del alcalde (sus aspiraciones, sus bonos), quemaron la suya (las necesidades de sus conciudadanos, de la población de nuestro municipio).

El actual es un Cabildo, por lo visto, bien intencionado, muy diferente a aquél, porque los elementos de oposición al partido en el poder, que es el PAN de Virgilio Mendoza, más allá de diferencias ideológicos y de intereses, como es lógico que existan, han estado colaborando para el beneficio de la población, pues ésta no tiene la culpa de sus pugnas internas, sus disputas por intereses en la lucha por el poder; ellos verdaderamente requieren una beca, un uniforme, una despensa.

En los Miércoles Ciudadanos se ha visto a todos, sin importar los colores personales, trabajando para apoyar a la población en sus necesidades. También se requiere de la colaboración y la suma de fuerzas o sinergia con los diputados locales, y en ello ha destacado grandemente el actuar de Gabriela Benavides, que hay que decirlo, a diferencia de los otros, se le ha visto trabajar muy de cerca, hombro con hombro, con el presidente municipal, sus funcionarios y el Cabildo porteño.

Así quisiéramos ver a todos, diputados locales, federales o senadores, sin importar si también son del PAN, PRI, PRD, PT o del PVEM, pues, si están representando a nuestro municipio a cualquier nivel, deben estar en coordinación y conexión directa permanente con el gobierno municipal, sin descuidar su labor a nivel estatal o federal, a donde el voto de los manzanillenses les ha llevado.

Esperamos que en el resto de la contienda electoral, que ya inició en sus primeras etapas, veamos una lucha limpia, bien intencionada, un fair play en donde lo primero sea ver por la gente, y cada uno desde su trinchera, pero no desde el odio y la descalificación, hacer por ellos.

Esperemos, pues, que no se repitan hechos como aquellos en que, por motivos de encono partidista, se paralizaron todos los apoyos sociales, golpeando y dañando a tantas familias y porteños, entre ellos los más marginados, los más vulnerables, porque no necesitamos otra guerra sucia; eso sería de condenar.