Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

ES muy preocupante la situación que se está viviendo en Guerrero, donde la gente está tomando las alcaldías e incendiando edificios públicos, así como enfrentándose a la policía. Los funcionarios públicos están en la calle, sin poder atender en sus oficinas y los trámites de todo tipo se han tenido que suspender.

Desde luego que hay motivos para tanta violencia e indignación popular. Esta situación en menor medida, también se está viviendo en otros estados como Michoacán, que tiene tiempo sin poder salir de esta situación de inseguridad casi generalizada. Colima, en el litoral del Pacífico y el Occidente del país, enclavado entre Jalisco y Michoacán, no está nada lejos geográficamente de esta zona candente; pero, afortunadamente, sí lo está en el hecho de que tenemos la tranquilidad y seguridad para ir a trabajar, a las escuelas, a hacer nuestras compras, ir a pasear, a hacer trámites, a visitar a nuestros familiares, etc.

Esperemos que no haya fronteras porosas y que la situación que se vive en entidades cercanas no se contagie en nuestro Colima, afectando los servicios, la funcionalidad del puerto, la realización de trámites y el desarrollo normal de las actividades escolares, porque Colima ha progresado porque ha tenido la tranquilidad y seguridad, que le permitan seguir su marcha, como una locomotora que avanza sin detenerse porque las vías están libres de obstáculos.

La gente colimense es tranquila y cuando tienen una queja lo hacen generalmente a través de las vías institucionales y muchos dimes y diretes se arreglan a través de escritos periodísticos o quejas ante la Profeco, o acudiendo a un Miércoles Ciudadano, donde las autoridades se acercan a la gente y dan respuesta inmediata a sus problemas y necesidades, en la medida que les es posible.

Claro que en Guerrero y algunos otros estados del país hay injusticias muy grandes, que nos agravian a todos los mexicanos y es muy justo que haya manifestaciones y reclamos, pero es una situación que ha ido avanzando desde hace décadas y que esperamos que nunca llegue a verse también en nuestro Colima. Hay que valorar esta tranquilidad que tenemos, que permite que el puerto siga creciendo como lo ha hecho, de forma imparable en los últimos veinte años, llegando primero a entrar en los primeros cien puertos del mundo y más recientemente, ubicarse dentro de los tres puertos principales de Latinoamérica, tan sólo detrás de Balboa y Colón, en Panamá.

Difícilmente Manzanillo o algún otro puerto del continente americano podrán desbancar a estas dos terminales del país canalero, ya que por ahí pasan casi todos los barcos mercantes del mundo, pues por ahí se conectan el Atlántico y el Pacífico. Colón se le llama a la entrada (o salida) por el Atlántico, pues como sabemos, Cristóbal Colón llegó a América desde el Atlántico y Balboa se le llama a la entrada o salida por el Pacífico, pues el conquistador Vasco Núñez de Balboa desde las montañas centrales del istmo centroamericano descubrió para los españoles y los europeos por primera vez el Pacífico; pero, en realidad, es toda una misma franja que es la Zona del Canal, que va de un océano al otro, contra la que ningún puerto latinoamericano, incluyendo a Manzanillo, puede competir. Pero, fuera de ahí, Manzanillo está por encima de cualquier puerto mexicano, incluyendo al mítico Veracruz, que desde los tiempos de la Conquista se había mantenido firme como la principal terminal portuaria comercial de México, tanto que tradicionalmente se le conocía únicamente como El Puerto y ya todo mundo sabía que se estaba hablando de Veracruz, porque era el puerto mexicano por excelencia; pero, gracias a sus condiciones únicas de paz, tranquilidad y seguridad, Manzanillo ha llegado a ocupar la principal posición, donde se ha mantenido ya por muchos años.

En esto, gran parte han tenido que ver los trabajadores portuarios, conocidos aquí como estibadores (en otros lados los llaman alijadores), quienes agremiados a la Crom se han dedicado a trabajar olvidándose de toda grilla o intereses que no sean los del puerto, debido a que siempre mantienen una buena relación y comunicación con las empresas para las que laboran dentro de la terminal. Se han sabido adaptar a los tiempos de una manera admirable, pues de cargar la mercancía al hombro, en mulas y toscas carretillas, ahora manejan los aparatos de tecnología más moderna, que les hacen ser super eficientes, de manera que, pese a que Manzanillo tiene un puerto comercial con dimensiones reducidas en comparación con otros puertos mexicanos, como Lázaro Cárdenas o Veracruz, sin embargo, los estibadores de Manzanillo y todos los trabajadores portuarios locales han demostrado ser más eficientes en sus labores, al mover números mucho más elevados que cualquier otra terminal.

Los únicos puntitos negros a resolver serían el tener una mejor convivencia puerto-ciudad (que no es responsabilidad de los estibadores resolver, sino de los directivos de la Administración Portuaria Integral) y que las participaciones federales que nos regresan como ciudad por los beneficios del puerto sean mayores, como es justo. Esperemos que la violencia, pues, no nos alcance, para que podamos seguir avanzando, creciendo y progresando.