Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

El día de ayer se dio a conocer que no se han hecho las obras compensatorias que se prometieron por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), y a través de la Administración Portuaria Integral (API) de Manzanillo, debido a falta de acuerdos.

Quizá serán temas burocráticos y hasta políticos; lo cierto es que, en cambio, la obra del Portal API sí está avanzando, aunque a paso de tortuga. Eso no es justo; aunque quizá tenga un respaldo y validez por la dicha falta de cierto papeleo y formalidades.

Esto nos habla de que en el quehacer público hay mucho legalismo y poco humanismo, porque hay cosas que se sobreentienden que se deben de hacer por un compromiso moral, aunque no esté debidamente protocolizado, y para entenderlo mejor, está el caso de los descuentos a estudiantes de nivel inferior a secundaria, a los que no se les quieren aplicar porque no están especificados puntualmente, como si por ello no fueran estudiantes.

Todos sabemos que ellos también necesitan facilidades para cursar su educación, y, tanto la sociedad como el gobierno, estamos en pro de mejorar la calidad de la educación, y evitar la deserción escolar, pues ésta conlleva al trabajo infantil o la vagancia y delincuencia en los menores de edad, sobre todo adolescentes.

Los estudiantes, todos, deben ser acreedores a un descuento, y claro, las leyes que reglamentan este asunto deben ser perfeccionadas para que los incluyan; pero no por un error en la reglamentación o legislación, al no incluirlos, se va a perjudicar a la educación básica con gastos de pasaje para sus familias. El error no es de ellos, y no por legalismo se va a afectar a esos niños y sus padres.

Igual en el tema de las importantes obras que se están haciendo en estos momentos en Manzanillo, no se puede permitir que se continúe avanzando en lo que al puerto le interesa, y que, por asuntos administrativos, burocráticos y políticos, no se avance en los que a la ciudad le interesa.

Esa es nuestra historia de décadas y décadas; al puerto todo, a la ciudad muy poco. Si esa obra se acaba, y no se avanza en las obras compensatorias, se van a quedar tan sólo en el papel, muy bonitas; pero proyectos nada más, como tantos otros que ahí están plasmados en viejos planos.

El Gobierno Federal, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Administración Portuaria Integral de Manzanillo deberían tomarlo como un compromiso moral. Sabemos que las principales cabezas de las dependencias y empresas constructoras inmiscuidas en esta obra, no son porteños, y en especial estas empresas deberían de estar dándole trabajo a manzanillenses; pero se sabe que un gran número de ellos tampoco son locales, a pesar de que contamos con la mano de obra calificada.

¿En que nos beneficia esta obra? Hasta ahora en nada. Solamente ha acabado con la fluidez vehicular, dándole al traste en especial al Centro Histórico, pues sólo vienen a él los que lo tienen que hacer de a forzada; porque, por gusto, entre semana, ¿quién, en su sano juicio, va a querer venir?

Pero, a lo que voy con el sentido general de este escrito, es que se les requiere a los funcionarios que no sean tan escrupulosos con las comas y los puntos, y que tengan conciencia social. Si llega con un regidor o un diputado una persona de escasos recursos a pedirle apoyo para un kilo de tortillas, que no saque el librito de sus funciones para ver si ahí establece que le apoye. Imagínese que le diga que en ningún lugar dice que dé ayudas para tortillas. Bueno, claro, así específicamente no dice: Tortillas, pero si tienen designada una partida especial para dar apoyos sociales, y de acuerdo a su criterio, cada uno lo irá utilizando.

Por eso digo, menos legalismo y más humanismo, y sobre todo, sentido común. Termino con unas palabras de la Biblia: “La letra mata, pero el espíritu vivifica”.