Desde el malecón


Víctor Manuel Martínez.-

La cacería siempre ha existido y fue una de las actividades primarias del hombre porque permitía satisfacer su necesidad de alimentación, pues el consumo de carnes provee energías a través de la proteína animal, necesarias para la difícil vida salvaje.

Durante la Edad Media, con el surgimiento de la nobleza, ellos, que tenían generalmente sus necesidades resueltas, lo convirtieron en un deporte, aunque los pobres seguían cazando como forma de proveerse alimento. La visión sobre este tema, pues, ha ido cambiando con el tiempo, hasta llegar a la actualidad, donde se ha tomado conciencia sobre la necesidad de respetar la vida animal, conservar las especies y el equilibrio ecológico y acabar con cualquier actividad que significa crueldad contra los animales, estando entre ellas la cacería, que es muy perseguida por las autoridades y penada por las leyes.

En nuestro municipio la cacería fue por mucho tiempo una actividad tolerada y no mal vista, e incluso se hablaba de grandes cazadores en nuestra entidad, como, por poner un ejemplo, “El Pescadito” Vizcaíno, quien también fuera un gran deportista, o el señor Shimokawa. Sigue habiendo permisos para la caza deportiva, a pesar de ser ya una actividad muy mal vista por la mayoría de la población, la cual se lleva a cabo en reservas especiales a las que sólo tienen acceso personas de cierto nivel económico hacia arriba, siendo sitios administrados por quienes se supone que también hacen trabajo de reproducción de las especies que manejan en sus cotos.

Sin embargo, para nadie es un secreto que en las comunidades rurales sigue habiendo cacería, pero muy en especial, como se señaló en estos pasados días en algunos medios de comunicación, en la delegación de El Colomo, y podemos precisar más todavía que esto se da mayormente en las colonias que están pegadas a El Libramiento.

Esto yo lo vi personalmente hace algunos años, cuando vivía en la colonia Marina Nacional, a media cuadra de esta carretera, donde termina la población, y empieza una zona cerril, por donde muchos se internan a cazar. Después que me fui de El Colomo, supe que incluso ya hay algunas viviendas pasando el libramiento carretero, lo que implica que hay mucha gente que está llegando de otros lugares, fenómeno que ya veía yo suceder por los años 90’s.

Esas colonias se formaron con muchas personas llegadas de otros estados del país, principalmente, a lo que yo pude observar, de Guerrero, Michoacán y Morelos, y también puedo constatar que muchas venían de poblaciones serranas, que eran de etnias en que aun hablan dialecto, y muchísimas personas de esas colonias pegadas al cerro no sabían leer ni escribir, y nunca habían pasado por una escuela.

Este fenómeno migratorio se sigue dando, porque ahora se vienen los familiares de los que han arribado a esta parte de El Colomo desde los años 80’s. Estas personas, por su escasa educación, tienen problemas para obtener un buen trabajo y llevar el sustento a sus familias, que viven en precarias condiciones, pues aparte de todo, son numerosas, y por lo tanto, muchas veces no les queda de otra que irse al monte de cacería, para traer lo que caiga, desde unas tortolitas, palomas o iguanas, hasta un jabalí o un venado.

Cuando bajan con una pieza se ponen muy contentos porque aseguran la comida para dos o tres días, e incluso le comparten a algún familiar que vive cerca o algún vecino, que también es natural del pueblo de donde llegaron. No digo que esté bien, pero sí entiendo que ni lo hacen por diversión, ni por vender la carne, ni por deporte, sino por la necesidad de alimentarse, ante la falta de recursos y abundancia de necesidades. Porque también en esta zona, aunque en otro tema, hay mucho trabajo infantil, con menores yendo al campo o saliendo a vender pan, bolillo o fruta enmielada, para contribuir desde muy, pero muy chicos, al sustento familiar.

La mejor manera de impedir que estas personas sigan recurriendo a la cacería para poder comer, es que tengan la oportunidad de obtener un buen empleo cercano a su lugar de residencia.

Hay muchos albañiles y carpinteros de primera categoría, y muchos agradecerían facilidades para poner algún negocio. Claro que la cacería no debe tolerarse, pero sí debe entenderse cuáles son los motivos que impulsan a estas personas a salir a tratar de cobrar una pieza, que no son las mismas que las de un cazador “deportivo”, por gusto, por diversión. Ellos no tienen el menor interés de tomarse fotos con el animal alcanzado, ni de disecarlos, ni de poner su cabeza en un adorno para colgarlo en la pared; ellos quieren llevar la comida a su casa. Saben que se están arriesgando al hacer esto, y deciden correr el riesgo.