Descuidados en lenguaje y comunicación


Antonio Flores Galicia

Hay aspectos importantes en la sociedad que se han descuidado grandemente. Uno es el lenguaje, siendo que es el medio con que nos comunicamos grandemente. Está tan descuidado, que los escritos de los que deben ser cultos, tienen mínimo cinco errores por renglón. Así están las cosas. Y lo peor, no se les puede decir que están mal, porque dicen: “El que está mal eres tú”. ¿Estudiarían Español en secundaria?

En nuestro tiempo, tenemos sofisticados instrumentos para facilitar y perfeccionar la comunicación, pero se ha descuidado el cómo se ha de entregar la palabra con la que nos comunicamos o recibimos mensajes. Fue un proceso serio el que se debió realizar para comunicarnos por medio de la palabra. Existen lenguaje y código (reglas para hacer el mensaje), principales medios para la comunicación. La imagen entrega sonidos y movimiento: Hay comunicación con cine, televisión y música, danza y arquitectura. Importa saber qué se recibe con la vista, oídos y nervios. El mansaje (lo que se está entregando), es impreciso cuando se descuida ese código (el cómo); porque, hay sentimiento, gusto, cultura, necesidad y educación

. También es importante la persona que se comunica: Es el emisor (da el mensaje), quien lo trabajó, le dio su valor y entrega. Hay genios de la literatura, con cualidad de emisores que nos dan grandes entregas. Ciertamente es grande la computadora, pero da lo que le dieron. Cuidado: emisor y receptor, mensaje y código.

El emisor del mensaje, es el que da los elementos manejables y variables al gusto del receptor, faltará la conexión directa entre emisor y receptor. En la comunicación son indispensables ambos, actuando con un mismo código, con que se entrega y recibe. Hay emisores actuales preocupados por recursos de entrega, con descuido del código con que se hace el mensaje y descuidan el instruir a los descifradores. Ejemplo, la comunicación que dan predicadores de las sectas, verdaderas mentiras, gustos y conveniencias; no dan al Cristo verdadero, descuidan el código que hizo el mensaje, están fuera de la realidad, dan mentiras.

Los emisores (personas que hicieron el mensaje) se preocupan por técnicas de entrega y canal (palabras que utilizan), muchas veces olvidan que son recursos. Tienen técnicas, pero desconocen el mensaje y el código. Así no podemos afirmar que hay comunicación, si están mal el receptor y el emisor del mensaje. Hay criados de la comunicación, no comunicólogos.

Otro aspecto, el descuido de receptores, ciencia y convencimiento. En los templos oímos cosas bonitas de Cristo y sus misterios, de la Virgen y los santos, pero se olvida el paralelismo entre religión y magia. Por eso hacen pueblos que viven en y con magia. Si se acelera lo mágico aparecen trastornos psíquicos y deja de existir la religión verdadera. Nos damos cuenta de cantidad de desviaciones religiosas.

El curita no entregó bien su mensaje y el pueblo no lo supo captar, vienen las desviaciones; los gobernantes no tuvieron en cuenta el significado de las leyes y entregan fórmulas convenencieras. Por eso tenemos desviaciones en la sociedad toda, la Iglesia y el Estado, las campañas políticas y las peregrinaciones.

Atrás de la magia están la mentira y la ignorancia y somos nosotros los que hacemos todo. Si les contara las preguntas que recibo de “señoras santas”. Verdadera superstición, demonismo, magia, hechicería. Y cuando les aclaro, me dice: “Es que el señor cura dijo en misa”. Por eso he estado tratando estos temas en mis escritos, pretendiendo ayudar algo.

Un ejemplo. Un curita escuchó a dos chavos que pasaron frente a él: “Mira, wey, anoche fui con el abad y me recibió a todo dar, wey”. El curita no conocía el mensaje ni al que lo daba, solamente al que lo recibía, por eso se dijo: “Qué bueno que ya va a ir a misa al convento este joven ateo”. El emisor y el receptor tenían la misma jerga, pero el mensaje no lo entendió el curita, desconocedor del mensaje y el código. Para los chavos, “abad” era el dueño del burdel y la “abadesa” era la encargada del prostíbulo. La respuesta lógica del receptor debió ser: “A ver cuándo me invitas, wey, también yo quiero ir, wey, no manches”.

En la Iglesia, predicadores y comunicólogos por escrito, deben tener cuidado, son responsables de tantos malos entendidos que se tienen. Pero, en vez de aceptar errores, tratan de pecadores a quienes les dicen la verdad. No se corrigen.

Terminaba sus escritos un periodista, en los años 60’s: “Yo solamente digo y nada más”. Así, mis ñeros, no se aceleren, agarren la onda, no se la pasen guachiando, ese.