De volcán a volcán


Carlos Avalos

Apenas el viernes se inauguró el Festival de las Flores Xalapa 2016. Un Estadio Xalapeño pletórico, que disfrutó a los cientos de bailarines que llenaron la pista de tartán para bailar la “Bamba” como nunca, con un marco de arperos y jaraneros en vivo que dieron el toque mágico a tan inolvidable momento.

La Sinfónica Municipal de Xalapa con sus metales, cuerdas, timbales y voces, fueron el marco que vistió la presentación del cantante Kalimba, que interpretó a ritmo de Big Band una nueva versión de “El Triste”, de Roberto Cantoral, para cerrar una majestuosa e incólume presentación con un estupendo arreglo al poema de Paul Anka: “A mi manera”.

Como nunca la “Oda a la Alegría” de Ludwig Van Beethoven tuvo tanto significado, miles de personas entonaron sus notas al unísono, mientras en el cielo, luces multicolores cobijaban la gradería que mantenía encendidas unas pequeñas velas como símbolo de esperanza, con la ansiedad de un pueblo veracruzano que pide vuelva la paz a sus calles.

Esas calles que aunque no tengan un festival, todos los días son una fiesta. Los marimberos alegran con su música sus amplias avenidas, las baquetas con que se toca el xilófono de madera, parecen alas de colibrí, apenas se distinguen por la velocidad con que percuten las láminas que timbran su alegre cántico que incita a bailar.

Calles de piedra negra que llega hasta los muros, que contrasta con las blancas vestimentas de los jóvenes jarochos que orgullosos de su pueblo, en un pequeño tablado a capella acomparsan con sus tacones la imaginaria “Bamba” que corre por su sangre.

Calles de sangre latina, que pareciera que hace surgir del empedrado un hombre de bronce, que extiende sus palabras con sonidos que cambian al movimiento de la vara de su trombón, retumba sonoro en los edificios antiguos que guardan historia, que albergaron la vida de grandes hombres como el suizo Enrique C. Rebsamen, el alemán Alexander Von Humboldt o un mexicano célebre 11 veces presidente de nuestro país: Antonio López de Santa Ana.

Xalapa de las Flores, que perfumadas y de colores diversos engalanan sus jardines, llevan por vecinos el frontispicio de portales con historia que dan sombra a Cloe, la rubia cantante francesa que canta góspel con su guitarra, alaba a Dios a su manera. Arriba desde el viejo continente la blanca fémina que espeta la lengua romance del mundo, mientras a unos pasos su hija escucha atenta el timbrar de su voz afuera de la tradicional parroquia, donde el café es el pretexto para reunir cientos de almas.

Un sax cubano se oye afuera de otro café -el bola de oro-, como el color de quien emboca el curvilíneo instrumento de sonido barítono, es Carlos pulsando el sistema de varas, con el pulgar en el gancho y extendiendo sus largos dedos en las llaves que harán salir el sonido por la campana de un bien afinado saxo, que pone de fondo la pista de “Hawaii 5-0” para ejecutar magistralmente la obra musical sin falla alguna.

Apenas hace unos días Carlos Converso dejó de exhibir sus títeres satíricos. Es otro tipo como yo, artista que arriba a Veracruz en busca de esperanza, sólo que él es argentino, cordobés; y el que plasma estas líneas es colimote, del barrio del pujido, que tuviera como último terruño Salagua, un rinconcito de amor en Manzanillo, Colima.

Puedes comer en el Parque Juárez las picaditas y tacos con los guisados tradicionales de Xalapa de la señora Raquel Guerrero que tiene 48 años vendiendo ahí, que asegundó a doña Herminia Santiago que fue la primera mujer que se puso a dar de comer a los transeúntes en las escalinatas de la entrada de Palacio de Gobierno con todo su sazón, permaneciendo en el gusto del pueblo xalapeño.

El clima deja vivir, pero la vida se ve mancillada por la violencia y la inseguridad permanente, no es privativo de este estado, también de donde viene quien esto suscribe cada día está peor. Pero somos muchos los que clamamos la paz en un México vulnerado, que necesita retomar los valores familiares, el temor a Dios, el respeto a la ley, y el valor de la palabra para tener de nuevo la tranquilidad deseada.

Si tiene oportunidad, amable lector, no deje de venir a Xalapa, hasta el cuatro de septiembre estará el Festival de las Flores, si no, no se preocupe, hay mucho en Veracruz que recorrer. Pero por hoy el espacio se termina y como dijo don Chuyaco… ¡Adió!