Cuánta verdad se oculta


Antonio Flores Galicia.-

En México hemos tenido presidentes de la República que fueron espiritistas. El caso más documentado y mejor conocido es el de Francisco I. Madero, líder de la Revolución de 1910. En su juventud, a fines del siglo XVIII, estudió en París cuando el movimiento espiritista estaba en pleno auge. Acudió a sesiones y leyó libros especializados en el tema. De regreso en México lo siguió practicando y aseguró que fueron los espíritus de los héroes patrios quienes lo guiaron para luchar contra la dictadura de Porfirio Díaz.

El otro caso importante fue el de Plutarco Elías Calles. Durante su período presidencial fue un violento perseguidor de la religión católica, al grado de provocar la Guerra Cristera. Sin embargo, en los últimos años de su vida, tras regresar del exilio que le impuso Lázaro Cárdenas, fue un asiduo visitante del Instituto Mexicano de Investigaciones Psíquicas, un centro espiritista activo en Tlalpan. Un pajarito contó que estando para morir, en secreto pidió la atención de un sacerdote. No se supo si fue el sacerdote.

Así las cosas. Por eso, no despego el dedo del renglón, respecto a la necesidad de actuar lo mejor que nos sea posible en la sociedad. Todo según la verdad y buscando el bien del país. Quitemos esa preocupación porque se hagan conveniencias o porque tal personaje actuó así o examinar si era católico o no. Veamos qué se ocupa y actuemos así. Quitemos, sobre todo, conveniencias económicas y políticas. Pensemos en el país, en los demás.

Algo que te va a escandalizar, pero también yo me escandalicé cuando el Papa dio el anuncio de que no existió San Jorge, nada del el dragón de San Jorge. Es tal vez el animal fantástico más conocido, ya que aparece en diversas tradiciones mitológicas de diversas culturas y latitudes, incluyendo el mundo oriental y occidental. Su caracterización varía, mas siempre está revestida de un contenido simbólico.

Surgido hace milenios de horizontes tan distintos como Escandinavia, el lejano Oriente, América y Medio Oriente, ha trascendido hasta el imaginario contemporáneo y lo hallamos en las obras de J.R.R. Tolkien, así como en los mundos ficticios de videojuegos, series animadas y películas de acción.

En la gran mayoría de los casos se le representa como una quimera que mezcla rasgos de las aves, los reptiles y los mamíferos y, en general, se asocia con el peligro y la destrucción.

La leyenda más famosa relacionada con una criatura así, no procede del mundo pagano, sino la religión católica y refiere el enfrentamiento de San Jorge con un animal de esas características. Los primeros elementos del relato proceden del siglo IX, pero su configuración definitiva se halla en la Leyenda Aurea, una compilación de relatos hagiográficos (es decir, referentes a las vidas de los santos) elaborada por Jacobo de la Vorágine, arzobispo de Génova a mediados del siglo XIII. De acuerdo con ésta, un dragón anidó en la fuente que surtía de agua a una ciudad y exigía a diario la vida de uno de sus habitantes. Cuando no quedaban más alternativas, y el rey había ofrecido la vida de su hija, apareció san Jorge montado a caballo, mató a la criatura con su espada y logró que los lugareños se convirtieran al cristianismo. Especialista dicen que esto procede de cuentos de hadas que hacen mención a los dragones.

Allí está el cuidado que debemos tener ante lo que se nos dice y se cree sin pruebas de la verdad, pues muchas veces se distorsionan las cosas y vivimos en la mentira. Mis padres me enseñaron esta oración: “San Jorge bendito, con tu cordón bendito, amarra tus animalitos y diles que no me vayan a picar, porque ya me voy a ir a dormir. Amén”.