Científicos lo comprobaron


Antonio Flores Galicia.-

Actualmente, tenemos muchas fechas equivocadas. No es maldad, sino creencia errónea de datos verídicos de tiempos y lugares. Recordemos cuántas cosas nos impiden estar con la realidad de milenios y milenios antes de nosotros, por la dificultad de la comunicación en tiempos antiguos.

Mucho se ha ido esclareciendo a través de investigaciones y mucho se queda así por varias razones que aparecen. Cuando los científicos descubren datos históricos, los entregan y es la sociedad la que acepta o no, pero quedan como ciencia. Milenios antes de hoy, existieron grandes cerebros.

-Nuestro actual calendario tiene una equivocación de siete años. La razón es muy conocida.

-Cristo nació en Belén el año siete antes de nuestra era en los meses de febrero o marzo. Por eso no murió el año 33, sino el 40. Decimos Antes de Cristo (a.C.) y Después de Cristo (d. C.).

-Por eso, Cristo tenía tres años cuando murió el Rey Herodes el Grande. Dice el Evangelio que un Angel le dijo a José: “Vete a la tierra de Israel, pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño” (2, 20).

-Herodes el Grande murió cuatro años antes de nuestra Era.

-Jesús y el emperador Augusto fueron contemporáneos. Jerusalén pertenecía al Imperio Romano y permitía la existencia del Reino de Israel con tal que pagara los impuestos, pero gobernaba.

-En el siglo IV, Constantino construyó, en Belén, la Basílica de la Cueva de Belén. Se han puesto muchas cosas en la Iglesia como si Cristo las hubiera entregado, siendo que de Constantino en delante fue tomando fuerza la Iglesia y se fueron dando hasta títulos y normas. Por eso, urge ver el significado de la doctrina y atender a lo que se nos quiera decir. Hasta llegó a tener la fuerza del Imperio Romana y se descuidó mucho espíritu de lo que Cristo pidió. Cierto, es para Cristo, pero no digamos que lo dijo.

-En Roma se celebraba con gran ruido y escándalo sexuales, el “Nacimiento del Sol”, el 25 de diciembre. La Iglesia Cristiana luchó por cambiar y corregir tanta maldad. Por eso puso como fecha del “Nacimiento de Jesús” el 25 de diciembre.

-Las Sagradas Escrituras Judías son una obra humana, comenzada a escribir alrededor del siglo IX antes de Cristo, aunque su relato se remonta a la Creación del Universo, fecha fijada el 3 761 antes del nacimiento de Cristo. Es un trabajo realizado por numerosos escribas que recogieron tradiciones populares y, alrededor del Siglo III a. C. fueron traducidos del hebreo al griego, compilados en un volumen que recibió el nombre de Biblia, y que los cristianos bautizaron como Antiguo Testamento. Pero, el nombre correcto debía ser “Biblia Judía” y al Nuevo Testamento “Biblia Cristiana”. En cuanto al Nuevo Testamento, la redacción de los Evangelios, comenzó después de la destrucción de Jerusalén y sus autores eran desconocidos, aunque sus escritos fueron atribuidos a Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Los textos sufrieron mutilaciones y la versión más antigua que se conoce es del siglo IV de nuestra era, pues los ejemplares anteriores fueron modificados a medida que fueron copiados.

-Es importante lo que expresó Galileo Galilei en 1663: “Afirman los piadosos que las escrituras no pueden mentir, pero nadie negará que con frecuencia son abstrusas (de difícil comprensión) y su verdadero significado difícil de comprender. Opino que, en la discusión de los problemas naturales, no deberíamos empezar por las Escrituras, sino por los experimentos y las demostraciones”. Cuánto se descuida lo que Cristo nos dijo por aceptarlo como conviene. Científicos no son solamente de hoy.

-Respecto a la Estrella que guió a los Reyes Magos: También el Vaticano afirmó que las estrellas no se pueden mover; aun siendo Dios perfecto, jamás violaría sus propias leyes físicas de mundos materiales. Otra afirmación que acepta la Iglesia es que la Estrella de Belén podría ser un Ovni. Pero debe comprobarse que existió un milagro. Cuando en Jerusalén el Dr. Padre Bagatti nos explicó este tema, nos dijo: “Esto que les expliqué, no lo prediquen a las gentes”.

Urge distinguir la verdad, lo comprobado, lo que ayuda a seguir y practicar la doctrina de Cristo. Cuánto estorban ignorancia, gustos, costumbres. Nos debemos alegrar cuando aparece la verdad que encuentran los científicos. Tristemente muchos en vez de aceptar se esfuerzan por destruir.