Centro de Colima podría prohibir el uso de automóviles

Jardín Libertad | Foto: El Noticiero de Colima

Primero la gente, después los carros; tenemos todo para ser una de las ciudades más limpias y organizadas del mundo

Sea con financiamiento federal, estatal o municipal, el desarrollo urbano debe identificar cuáles son las necesidades comunitarias a corto, mediano y largo plazo.

Sobre el predio e instalaciones que desocupará la 20va Zona militar, en la Avenida Galván, se pudiesen construir casas hogar para ancianos, niños; guarderías infantiles, pistas de patinaje, bibliotecas, invernaderos, escuelas de artes, un conservatorio musical, un planetario, en fin, surgirán varias propuestas que, sin prisa, deben aquilatarse para determinar cuáles de ellas son convenientes y financieramente viables.

Incluso, en el mejor de los casos, no se debiese construir algo y sólo conservarlo como “zona verde”, o sea, un pulmón vegetal; ¿Cuál es la prisa o necesidad de estarle agregando cemento y varillas al escenario natural?

Por cierto, es correcto que parte de la Calzada Galván, recién remozada, privilegie espacios para ciclistas y peatones, así debiesen readecuar toda esa avenida. Hay que comprender que en la infraestructura urbana primero van las obras que beneficien a los peatones, después a las bicicletas y al último los carros y camionetas. Quien tenga prisa en llegar, que se levante más temprano, use otras vías de comunicación o se compre un helicóptero.

Muchas y muchos colimenses están obesos, casi no caminan; tienen la equivocada conducta de realizar recorridos cortos con su carro; ¿Hay quienes para eso proponen, con amplias zonas de estacionamiento, un nuevo parque, para ir a verlo desde el asiento del auto y no bajarse a caminar?

En esta ciudad, al menos en su zona centro, se debiese desalentar, prohibir el uso del automóvil, transformar sus principales calles en zonas peatonales y ampliar los lugares para circulación de ciclistas y triciclos a favor de personas en edad avanzada; no hay que copiar el error que otras comunidades cometen al despedazar sus urbes en miles de cajones de estacionamiento, parquímetros, segundos pisos en periféricos y programas transas e inútiles como el “ hoy no circula”; Colima no debe imitar ese proceso autodestructivo.

Dicen que para muestra un botón basta, por lamentable ejemplo, vea usted un Manzanillo convertido en un mazacote de calles, avenidas, vías ferroviarias, zonas habitacionales congestionadas, todo ello sin pies ni cabeza, desordenado y sucio, en el que la expansión de actividades portuarias implica la movilidad de miles de camiones de carga sin vialidades idóneas, con un servicio de transporte público deplorable, degradación ambiental y taponamientos viales por el cruce de ferrocarriles, o sea, presidentes municipales van y vienen y, allá, para los manzanillenses, los planes serios de desarrollo urbano, proyectados a 30 ó 40 años, no existen.

La zona conurbada de Colima, Villa de Álvarez y Comala, deben evitar la hecatombe que les generaría la insuficiente planeación urbana; la CDMX, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Querétaro, son claro ejemplo de lo que no se debe hacer; sus pobladores coexisten en medio de la desorganización, la polución, rinden culto a su majestad “el automóvil” y no frenan asentamientos humanos irregulares.

En esta ciudad habría que mejorar el aspecto de casas y calles, promoviendo una campaña para que las familias pinten la fachada de sus moradas; hay paredes sucias, con grafiti, descuidadas y terrenos baldíos. Colima debiese ser una de las ciudades más limpias y organizadas del mundo; aún tiene todo para que así sea.

Reflexione, la receta es sencilla, hay que alejarse de la flojera, usar menos el automóvil; disminuir la obesidad y mejorar el transporte público.

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