Cartas al Noticiero; Atentamente: Felipe Pimentel


C. CARLOS VALDEZ RAMIREZ

DIRECTOR DE EL NOTICIERO

Presente

Don Carlos, le ruego acepte un saludo respetuoso.

Con agrado me enteré del Premio Estatal de Periodismo 2016, que representantes de organizaciones sociales e instituciones educativas decidieron otorgar a Usted, en la categoría de Entrevista.

Usted es el primero en saber que un periódico es el medio de comunicación social más valioso. Las palabras huecas, ruidosas del radio y la televisión, rápido las disipa el viento; la letra impresa permanece, serena, allí en la conciencia colectiva cual juez implacable, lista a ser desempolvada , escuchada, repetida, gritada, leída a los hijos, los nietos, los amigos y celosamente protegida, generación tras generación, en las hemerotecas de la historia infinita.

La estampa cierta del ser humano se inscribe a partir de la escritura, sea en cantera o papiros, hoy casi ilegibles. Antes, fue la prehistoria, repleta de misterios inexpugnables. La palabra impresa insiste y ayuda a no perder la memoria, esa que algunos quisieran no existiese para dejar ocultas en el olvido sus falsas promesas e inaceptables conductas.

El papel periódico es dedo de fuego que señala con esa justa certeza, de la que no es posible escapar. El hombre absuelve o condena y lo hace con escritura contundente, diáfana, imborrable, demoledora, esa que dice y testifica: inocente o culpable.

El pliego se entinta todos los días para trasmitir la virtud humana y no para difundir ideas borrosas, propias de la alucinación abyecta. No en balde, la letra impresa convertida en biblia, predomina. Los periódicos buenos unen, no dividen; abordan la verdad de los acontecimientos que a todos preocupan e interesan; propician la polémica  constructiva y plantean soluciones.

Claro que un periódico necesita venderse en el puesto de la esquina y obtener recursos para sufragar su propia existencia, pero lo que un periódico no necesita, es venderse para deformar la libertad de expresión, digna.

Dispénseme la palabería; ajeno soy para filosofar sobre la prensa, Usted sí Don Carlos, ha dedicado la mayor parte de su vida al periodismo, ha trabajado con honestidad, constancia, responsabilidad, ética, con afanes de superación moral, ha construido un periódico muy valioso para Colima, por eso existe EL NOTICIERO, por eso viene Usted cosechando lo que sembró, reconocimiento y gratitud social por su encomiable actitud de servicio, especialmente difundiendo las voces de los sectores sociales más pobres. Estos no son elogios, ni Usted los necesita ni yo los profiero.

Únicamente describimos lo que es. Lo que se ve, no se pregunta Me atrevo a decir que para Usted, su periódico, su empresa editorial, no ha sido tarea fácil ni pingüe negocio, porque seguramente le ha dado más trabajo y noches de desvelo que dividendos monetarios; precisamente por ese motivo es Usted un periodista respetable, exitoso, por su modestia, sencillez, por no andar buscando reflectores, fanfarrias, ni mucho menos lisonjas.

Hoy por hoy, Colima afrontará tiempos difíciles y más aún se requerirá la sensibilidad de periodistas y empresarios como Usted, que continúen trabajando, sirviendo a la gente y no buscando el lucimiento personal ni el enriquecimiento monetario, desmesurado.Cualquiera de estos días, a reserva de pasar a visitarlo un minuto en su oficina, le envío un cordial saludo y felicitaciones por su merecido premio, que sin duda también es un reconocimiento a sus colaboradores.

Atentamente: Felipe Pimentel