Cárdenas Pallares: Libro del Apocalipsis, un canto a la esperanza


Carlos Valdez Ramírez.-

Al libro del Apocalipsis se le ha hecho muy mala fama, lo han asociado a la violencia, pero en realidad es un canto a la esperanza, un llamado de resistencia al poder opresor absolutista, sólo el amor nos hace ver lo grotesco de la injusticia y nos hace conscientes de que no se puede sobornar a Dios.

Así lo señaló el presbítero José Cárdenas Pallares, en entrevista concedida a EL NOTICIERO MANZANILLO, donde además mencionó que su formación eclesiástica lo ha moldeado de tal manera que lo convirtió en otra persona, pero sobre todo, lo dotó de valores.

Relató que cuando estaba en la Capilla de San José, llegó una mujer de casi 50 años de edad a pedir el bautismo, por lo que optó por solicitarle su domicilio y su teléfono como referencia, cuando ubicó el lugar se dio cuenta que se trataba del burdel más popular de Manzanillo, para su sorpresa, la mujer fue puntual a recibir la instrucción.

Un día, esa mujer se le acercó para comentarle: “Le voy a hablar con sinceridad, yo ando en esto desde los 15 años y lo hago por mi gusto, no sé si le va a resultar chocante lo que le digo, pero a mí me gusta estar con los hombres”, días después le confesó que algo distinto estaba pasando con ella.

Luego se refirió a su entorno, señalando que en su barrio “todos valían una pura y dos con sal” y “aquí hay puro ‘desmadre’, lo he observado y me doy cuenta que usted está desperdiciando su vida, yo he tratado a muchos hombres y de muchas formas, pero no me había encontrado a una persona tan estudiada como usted y con un análisis tan penetrante, no sé qué hace aquí, yo lo pondría en un centro académico, en una universidad importante, en el extranjero, pero no aquí”.

Con la sencillez que lo caracteriza, Cárdenas Pallares le respondió, “si yo estuviera en ese puesto en el que me ubicas, ¿me tendrías la confianza que ahora me tienes?. ¿Me tratarías como a un amigo y como a un sacerdote?… y ella me respondió que no.

El sacerdote, siguió relatando sus vivencias, recordando que una de sus experiencias más lindas, pero también una de las más estrujantes, fue en la cárcel del estado, donde no obstante la ayuda espiritual que daba a los reclusos, en ocasiones lo estafaban, “incluso una reclusa se enamoró de mí”, y agrega: “en una ocasión me di cuenta que no habían comido y les pregunté que si era porque no les habían llevado la comida, pero me respondieron que el director del penal les había enviado grandes ollas con pozole, pero no habían comido porque una persona que conoce mucho la Biblia les había dicho que si comían carne de puerco ofendían seriamente a Dios, porque ahí está escrito, pero la biblia no es Dios, el pecado verdadero es provocar que una gente pase hambre. Y los cuestioné, ¿si ustedes comen carne de puerco se hacen matones, ladrones o tienen necesidad de levantar calumnias? Todos respondieron que no”.

Para no quedarnos con la duda, sobre la supuesta dama enamorada, nuestro entrevistado fue explícito al relatarnos que “la enamorada del reclusorio era una viuda de un capitán, quien estaba presa por segunda ocasión, pero siempre la trató con mucha bondad y respeto, destacando que quizás su afecto respondía a que nunca había tenido la experiencia de que un hombre la tratara respetuosamente”.

“Le dije que cada cosa tenía que estar en su lugar, que yo sentía por ella otro cariño, de ese que dura, porque no voy a abusar del necesitado, si una persona está carente de amor y busca agarrarse de un clavo ardiendo, yo no me voy a aprovechar de su condición, porque la mujer vale, pero no por su sexo, sino por todo su ser, por su mente, su corazón y su capacidad de sufrir. Las mujeres no son objetos, ni siquiera de lujo, son hijas de Dios”.

Continuó relatando que con su ministerio trata de dar testimonio de que Dios es puro corazón e infinita misericordia, “en una ocasión fui al Seguro Social y había un aislado al que me dijeron que no me acercara, que tuviera cuidado, se trataba de un profesionista de cuando mucho 30 años, creo que era exitoso en su profesión y cuando entré lo primero que me dijo fue que no perdiera el tiempo con él, porque ya estaba condenado, estaba completamente dañado por el Sida, eso fue lo que me hizo quedarme, platiqué con él hasta que comulgó y vi reflejado en su rostro la paz, esa persona murió con la certeza de que si muchos lo habían visto con asco, nuestro Señor lo recibiría con un amor apasionado, todos tenemos un valor muy alto para Dios, eso es lo que me interesa”, concluyó el sacerdote.