Caminar hacia otro sistema

Carlos Valdez Ramírez. | Foto: Especial

No seré el primero en criticar al sistema capitalista mexicano por sus deficiencias pues ya ha corrido la tinta de muchos intelectuales y especialistas que han señalado la imposibilidad de que el sistema continúe por todos los tiempos.

Esto, particularmente, porque el capitalismo mexicano es un sistema deficitario, que no puede ser sustentable. La gran acumulación de capital, el acaparamiento de la riqueza tiene, obviamente, la sombra negativa de los que se quedan sin recibir su rebanada de pastel, por decirlo de forma suave, aunque sabemos que la pobreza extrema es una tragedia humana terrible. Es decir, en resumen parcial, que en el sistema capitalista alguien gana pero otro pierde. Alguien puede ser voraz pero otros tantos más enfrentan hambruna.

No es la primera vez que la historia de la humanidad enfrenta o se ve en estas circunstancias. Es decir, cuando hay un sistema que permite a pocos aprovecharse de los recursos y todos los demás vivir pésimas condiciones. Y ya sabemos qué es lo que sucede: conflictos, guerras, revoluciones. ¿Cuánto faltará para algo así vuelva a ocurrir? Es difícil saberlo, mientras tanto lo que podemos advertir es que la historia corre el riesgo de repetirse.

Pero, ¿por qué sucede esto? Según los científicos, las evidencias indican que desde hace decenas de miles de años, durante la glaciación, el humano de entonces adquirió la cultura de atesorar. Todo inició con la necesidad de atesorar cosas y satisfactores para salvar y controlar a la manada o el clan. De este modo habría nacido la propiedad privada y como consecuencia la depredación del medio ambiente, con la conducta voraz del ser humano que se resume en “tú ganas, yo pierdo. Tú pierdes, yo gano”.

Por ello el capitalismo no puede tomarse como un sistema ideal. Antes de la era glaciar el humano de entonces vivía en aldeas y se organizaban de forma matriarcal. Los habitantes compartían los bienes, se disfrutaba de la comuna de manera amigable. Hay reportes históricos que avalan estos datos, pero después de esta época nace la conducta acaparadora en las personas.

 Es decir, es una conducta filogenética, aprendida desde la cueva. Otro de las malas herencias de esta era es la violencia hacia la mujer. Tenemos el dato de que el 98% de la violencia es ejercida por el varón por conducta aprendida como medio de poder para conservar a la manada, pero se quedó hasta el presente. Actualmente se aplican nuevos modelos educativos para combatirla, para integrar al ser en una mejor resignificación de su persona, dejando el machismo y esa actitud.

En México, a decir verdad, ni siquiera estamos inmersos en un sistema verdaderamente capitalista. En realidad servimos a grandes países, no tenemos una independencia económica ni una cultura de la colaboración.

Por ello la competencia entre nosotros debe de quedar atrás pues es una actividad depredadora. En cambio deberíamos enfocarnos en una economía de colaboración y de esta manera llevar a la persona al ser, no al tener.