Ayotzinapa, la historia no termina


Ramón González Pérez.-

Me resisto a creerlo, la razón y la verdad se niegan a aceptar la realidad, y es que no puede aceptarse así nada más un hecho tan sangriento, tan trágico, tan macabro. No es posible que de la noche a la mañana desaparezcan 43 jóvenes estudiantes y a poco menos de un mes no se tenga noticia de su paradero, vaya, ni pistas de qué fue lo que sucedió.

Que desaparecieron, es cierto; que no se sabe nada, también; las razones pueden ser muchas y muy diversas, dependiendo de quién quiera dar explicaciones al respecto; lo cierto es que no sabemos dónde están y si todavía “están”.

Lo lamentable es la desesperación en que se pretende hacer caer a sus familias, personas humildes del estado de Guerrero y entidades vecinas, que veían realizados los sueños de toda familia campesina al lograr que sus hijos ingresaran a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa a cursar la carrera Maestro Normalista y a partir de ahí iniciar el despegue familiar; pero que por razones del destino, se ve frustrado un sueño ancestral.

¿Qué consecuencias traerá al país este hecho sangriento?, no sabemos; por lo pronto ya están despertando las fuerzas que resultaron seriamente lastimadas en lo más profundo de su espíritu nacionalista, poco a poco se van levantando de su letargo aquellos que se consideran lesionados en su interior y buscarán, a como dé lugar, una recomposición de las estructuras sociales, así tan simple y sencillamente heridas en la parte más débil, las juventudes estudiosas y rebeldes; pues no podemos dejar de reconocer que en Ayotzinapa, Guerrero, están las raíces de los movimientos rurales que se generaron con la aparición de maestros guerrilleros como Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, que dieron mucho de qué hablar en el campo mexicano y que levantaron a varias escuelas normales rurales hasta que el gobierno logró desaparecerlos, siendo en algunos aspectos justas sus demandas, pero la forma de plantearlas fue lo que no satisfizo al régimen, que se vio precisado a borrarlos del mapa.

La historia frustrada de Ayotzinapa vuelve a cobrar vida, pero lamentablemente, con la desaparición y casi segura muerte de 43 jovencitos que fueron deseosos de superar su situación familiar a través del estudio, que a lo mejor no iban a ser buenos maestros, pues la disciplina que se seguía en su centro de estudios así lo garantizaba, razón ésta y otras más, que hicieron que el régimen guerrerense se quejara con demasiada frecuencia de la escuela normal ante el Gobierno Federal.

Tal vez, ante tal queja, la respuesta más lógica fue la de desaparecer la escuela normal o a los normalistas, pero no de la forma tan drástica y violenta, no haciendo uso de la fuerza bruta y vil, a tal grado de que no aparecen sus restos por ningún lado y las explicaciones se difuminan por todos lados, nadie sabe y nadie supo.

No es aceptable en el México del siglo XXI, reformador y de avances en todos los órdenes, se dé un retraso tan brutal y sangriento, que sin lugar a dudas dejará marcado el actual régimen y a su presidente, Enrique Peña Nieto, se le identifique de aquí en adelante como un presidente asesino, como se ha calificado a varios de sus antecesores, por querer corregir errores garrafales con medidas drásticas y asesinas, como las que se aplicaron en Ayotzinapa, Guerrero. Es una lástima y de dar pena ajena.