Atole con el dedo


René Macías Zamora*.-

El 21 de abril del presente año publiqué aquí mismo, en EL NOTICIERO DE MANZANILLO, un texto donde vaticinaba la negativa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (Scjn) a la realización de la consulta popular en relación a la Privatización de Pemex y CFE.

Dado que hace unos días se cumplió mi predicción, me permito reproducir dicha texto, donde se aprecian los argumentos que permiten adivinar el comportamiento de la clase gobernante y sus lacayos, como ahora se muestra la Scjn ante el presidente de la República, organismo que da la espalda al pueblo y se inclina ante el partido en el poder:

De acuerdo con el diccionario, “dar atole con el dedo” significa embaucar, engañar, defraudar. Sin embargo, esa es una definición muy simplista que no alcanza a reflejar la idiosincrasia de quienes formamos parte de este país.

“Dar atole con el dedo” se refiere a alguien que te engaña al ofrecerte algo que tú solicitas, mereces o esperas. Implica, asimismo, que te conformas con ese engaño. Esto ubica al “que te da el atole” como un abusador que se aprovecha de una necesidad, y al que acepta recibirlo, como un conformista.

Una de las quejas tradicionales de todos los mexicanos es que los gobiernos nos han venido “dando atole con el dedo”, mientras ellos meten la cuchara sopera en las arcas y se llevan las riquezas del país con gran beneplácito.

La verdad es que así parece, así sucede y así es. Todos lo sabemos, todos nos lamentamos, e incluso hay algunos que se rasgan las vestiduras, pero muy pocos se han planteado analizar el cómo es posible que esto venga sucediendo sexenio tras sexenio sin que nada cambie en el clima social del país.

En el mes de septiembre nos enorgullecemos de nuestro fervor patrio y sacamos las banderitas tricolores y el tequila, presumimos de ser una raza de altivos, gallitos y fanfarrones. Pero detrás de esas manifestaciones existe un mexicano inseguro, temeroso, que no es capaz de levantar la voz (muchas veces ni la mirada) ante la injusticia y sólo fingimos que no nos enterarnos de las agresiones a nuestros vecinos, familiares o compatriotas para no abandonar la zona de confort donde nos escondemos.

Soportamos burlas y mentiras insostenibles, soportamos el Fobaproa, el TLC, la “caída del sistema” en 1988, el descarado “triunfo” de Calderón con el 0.56%, el “triunfo” de Peña Nieto rebasando 12 veces el tope de gastos de campaña y las tarjetas Soriana y Monex. Soportamos la privatización de Pemex. Y aquí en Manzanillo aceptamos la ilegal construcción del túnel ferroviario a través de la ciudad. Nos mantenemos con la cabeza agachada, de rodillas.

Pero nos sentimos halagados si el presidente municipal, el diputado o cualquier politiquillo nos saluda, nos sonríe o nos palmea la espalda. Con eso nos conformamos, aunque de sobra sabemos que esa persona nos está robando el fruto de nuestro trabajo y se lleva el alimento de nuestros hijos. Sabemos que representa la corrupción y la impunidad y que a nuestras espaldas vota a favor de leyes que nos perjudican. ¿Y sabe qué es lo peor? Que muchos incautos van a seguir votando por ellos.

En el caso de la privatización de Pemex, de acuerdo a la reforma constitucional por la cual se instituyó la consulta popular, se podría celebrar una consulta sobre la Reforma Energética en el 2015, coincidiendo con las elecciones federales, donde se pregunte al pueblo de manera puntual su opinión en relación a la privatización del sector energético.

Sin embargo, los partidos PRI y PAN, quienes se oponen a dicha consulta, dejaron la última decisión a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (Scjn), misma que hasta hoy se ha negado a manifestarse en relación al tema.

¿Le digo algo? Sin tratar de ser adivino, ni mucho menos, sólo confiado en nuestra idiosincrasia, le puedo asegurar que la Scjn, llegado el momento, rechazará la consulta con el argumento de que la petición es inconstitucional. A pesar de que difícilmente puedan encontrarse temas de mayor trascendencia nacional, como se menciona en la reforma, que puedan ser revisados mediante una consulta popular, y que no estén en la Constitución.

Como la ley en la materia impide que se cuestione la Carta Magna, es prácticamente un hecho que la Corte declare la improcedencia de la petición. ¿No le suena todo este teatro a “atole con el dedo”?

Nos mantienen con la esperanza (PRI, PAN y Scjn), desde ahora hasta el 2015, de la posibilidad de que realice una consulta popular; llegado el momento, la Scjn dice que siempre no, que es improcedente la petición. De verdad que aunque fuera sólo por esta vez, me gustaría estar equivocado y que la Scjn, aunque fuera sólo esta vez, le hiciera justicia al pueblo que la mantiene.

Sin embargo, es evidente que el marco legal que regula la consulta popular está elaborado de forma que sólo responda a los intereses del grupo en el poder y no a los de la sociedad.

Así, la citada reforma es uno más de los engaños con que se fabrican las constituciones en México para aparentar una democracia inexistente, manteniendo y asegurando el dominio de la clase oligárquica sobre las mayorías.

En otras naciones, donde existe un mínimo de democracia, las reformas a la Constitución no tienen valor mientras la ciudadanía no las haya aprobado en forma directa.

¿Cómo ve, amable lector?, a la Scjn no le tomó más de hora y media dictaminar en contra del pueblo un tema tan trascendental. Es fácil adivinar cuando se conocen las complicidades entre las “instituciones” de nuestro país.

Regidor del PRD en el Cabildo*