Alimento para el alma


 

LA SERPIENTE Y LA LUCIERNAGA

Rebeca Mendoza Silis

Antes de dar inicio a nuestra reflexión de hoy, quiero tener nuevamente el privilegio de felicitar a mi mamá por su cumpleaños, ¡realmente me siento muy bendecida por ello!, seguirla teniendo físicamente conmigo es un gran regalo: ¡Mamá, te amo!

Pues bien, vayamos con nuestra reflexión: “Cuenta la leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Aunque ésta trataba de alejarse de su perseguidora, no había manera de deshacerse de ella. Huyó durante dos días y la serpiente no dejaba de seguirla.

“Finalmente, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga se detuvo y le dijo a la serpiente: -¿Puedo hacerte tres preguntas? -No acostumbro a dar explicaciones a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar lo que quieras, contestó la serpiente. -¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? preguntó la luciérnaga. -No, contestó la serpiente. -¿Alguna vez te hice algún mal?, preguntó la luciérnaga. -No, volvió a responder la serpiente. -Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo? -¡Porque no soporto verte brillar!”.

Cualquier parecido con la realidad, ya sabemos que es mera coincidencia. Algunos seres humanos de una u otra forma hemos vivido este tipo de circunstancias tan desagradables y sobre todo desgastantes. Ninguna emoción que vibre bajo podrá estar en la luz.

Lo mejor que se puede hacer en estos casos, sobre todo cuando se está en la situación de la serpiente… no es irse a la yugular de la otra persona, ni tratar de destruirla con un sinfín de artimañas, porque eso sólo provoca que se viva en una mayor oscuridad y que se sienta una mayor molestia cuando se ve a otros brillar.

Cuando nos topamos con ese tipo de personas, todo su cuerpo, cara y acciones los delatan. De verdad, no es opacando a la otra persona con golpes bajos como se logra tener brillo, el sentirse incomodo o molesto ante la presencia de alguien que brilla, simplemente refleja lo que no se ha trabajado internamente, todos sin excepción poseemos virtudes o dones que nos hacen ser únicos, dejemos de perder el tiempo mirando a otros, además no siempre podemos hacer o tener lo mismo, cada quien tenemos una misión o aprendizaje diferente, y el verdadero problema de la envidia, radica en estar viendo siempre hacia afuera lo que no se tiene y el no aceptarlo también agranda ese sentimiento, porque evita que se pueda apreciar lo que sí se tiene.

Lo mejor es enfocarse y apreciar todo lo que sí se tiene y a partir de ahí sacar todo el potencial con el que cada individuo vinimos equipados, porque por estar en esa dinámica de envidiar, también se rechaza a Dios (o como sea que tú le llames), y con ello no se le permite que habite en nuestro interior, ¡él es luz, una gran luz!

La envidia es uno de los peores sentimientos que puede tener el ser humano y quien llega a sentirla no se da cuenta que al destruir con sus acciones ¡se autodestruye! Leí en un artículo el cual mencionaba: En la niñez no se puede ocultar cuando se siente la envidia, ya que a esa edad se es más honesto que en la edad adulta. Definitivamente, por más que se quiera ocultar, ¡surge en diferentes formas!, algunas son muy obvias y otras muy sutiles.

Séneca decía que “quien mira demasiado las cosas ajenas no goza con las propias”. Mejor aprendamos apreciar a los demás sin compararnos, al contrario si algo nos gusta de esa persona, digámoselo de corazón o preguntémosle cómo le hace para tener tal o cual cosa, y preguntar no nos hace ni más pobres ni más ricos materialmente, y espiritualmente sí nos hace ser más abundantes, porque la persona que envidia le cuesta mucho trabajo elogiar a otras personas y si llega hacerlo porque ya no le queda de otra, siempre encuentra un pero, para minimizar lo obtenido por el otro.

Tengamos en cuenta que siempre habrá alguien que tenga más o que tenga menos, en todos los sentidos (física, mental, material, espiritual, cultural o socialmente), y también habrá a quien le cueste más o le cueste menos trabajo obtener las cosas, y si nos enfocamos en ello en forma crítica, difamando, burlándonos, resistiéndonos, siendo irónicos, bloqueando, guardando silencio o aparente indiferencia, lo único que logramos es ir disminuyendo nuestra propia luz y eso inevitablemente se refleja en nuestra persona, se nota a la perfección.

Mejor te invito a que tomes consciencia de tu propio valor y capacidades, tanto para sacar el máximo de ellas, como el que puedas reflejarlo en tu desarrollo personal. Y por último, si te encuentras en el lugar de la luciérnaga, pese a todo pronóstico negativo de quien te envidia por no soportar tu luz, sigue siendo tú, evita esconder tu esencia por no hacer sentir mal a quien te envidia, da siempre lo mejor de ti con amor y respeto, deja huella en quienes te rodean y en cada paso que das, eso fortalecerá más tu luz y tu comunicación con el Creador.

La responsabilidad de sentir emociones de baja vibración ¡es de quien las tiene! y ya sabrá si lo trabaja o empieza a utilizar lentes, para no sentir el impacto tan fuerte de las personas que no soporta ver brillar. Que tengas un excelente y bendecido inicio de semana. Por favor recuerda que es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros, con respeto y con amor. Tus comentarios a: becky_010270@yahoo.com.mx

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