Alimento para el alma


Rebeca Mendoza Silis

DEJAR IR

“Dejar ir” no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona. “Dejar ir” no es aislarme, es darme cuenta que no puedo controlar a otro. “Dejar ir” no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales. “Dejar ir” es admitir la impotencia, es decir que el resultado no está en mis manos. “Dejar ir” no es tratar de cambiar o culpar a otro, es sacar lo máximo de mí mismo. “Dejar ir” no es cuidar, sino atender. “Dejar ir” no es reparar, sino ser apoyo. “Dejar ir” no es juzgar, sino permitirle a otro que sea un ser humano. “Dejar ir” no es estar en medio arreglando todos los resultados, sino permitir a otros que influyan en sus propios destinos. “Dejar ir” no es ser protector, es permitir a otro que enfrente la realidad. “Dejar ir” no es negar, sino aceptar. “Dejar ir” no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos. “Dejar ir” no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme a mí mismo en él. “Dejar ir” no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro. “Dejar ir” es temer menos y amar más. (Louise L. Hay).

Definitivamente dejar ir o desprenderse no sólo de personas, sino de situaciones, cosas materiales, resultados, hábitos negativos, recuerdos tristes y todo lo que venga a nuestra mente y corazón que se pueda dejar ir, hay que dejarlo ir. Sé que lo digo y lo escribo fácil, sin embargo,  se requiere de mucho trabajo, porque los seres humanos somos muy dados a los apegos de cualquier tipo y eso sólo nos causa un gran sufrimiento y mucha carga. Si el dejar ir lo percibiéramos como una nueva oportunidad de dar a paso a algo nuevo y diferente, otro gallo nos cantaría. Entendamos que lo que dejamos ir, es porque ya cumplió con su misión en nuestra vida, y esa misión era enseñarnos algo y aportarnos una experiencia para nuestro aprendizaje, el reto es descubrir qué es lo que hay que aprender, para que no demore mucho el sufrimiento en nuestra vida. El dejar ir conscientemente nos dolerá por un tiempo, es normal, nos encontramos vivos y duele, sin embargo, evitemos que sea demasiado tiempo, porque puede llevarnos a enfermar.

Sólo en la práctica se aprende el significado de que todo en nuestra vida tiene un para qué y de esa práctica salimos fortalecidos, al grado de dejar de torturarnos y torturar a los demás con nuestras emociones negativas. Lo he escrito muchas veces y lo seguiré haciendo, “no es fácil”, y me encantaría decirte que sí lo es, no obstante, si lo ponemos en práctica todos los días, nos disciplinados, nos fortalecemos y aprendemos lo que no nos está funcionando y que por querer seguir apegados, acostumbrados o necesitados a ello, sólo retrasamos nuestro proceso de transformación y crecimiento. Francamente lo único que hacemos con esa actitud es hacerlo de verdad imposible y no exactamente  porque lo sea, sino porque así ya decimos que fuera.

Existen infinidad de herramientas que  para cada uno de nosotros significa crecimiento, salud, paz, tranquilidad, armonía, libertad, entre otras más; sólo empecemos a buscar con cuáles nos sentimos identificados, cuáles van con nuestra forma de ser y que de verdad nos ayudan a sentirnos bien, desprendidos, oxigenados, motivados y muy apasionados. Cualquier herramienta que nos haga sentir así, podemos humanamente hacerle frente a esta llamada vida cuando tengamos que pasar la prueba para dejar ir. Que tengas un excelente inicio de semana, lleno de hermosas bendiciones. Recuerda que es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros, con respeto y con amor. Tus comentarios a becky_010270@yahoo.com.mx