Abundan los M.C. en la SEP


Ramón González Pérez.-

La figura de los hermanos Federico y José Guillermo Rangel Lozano, en la Presidencia Municipal de Colima y al frente de la SEP, respectivamente, la ha dado a la función pública algo digno de reconocer, pues ambos se caracterizan por ser personajes que demuestran honestidad, respeto, amor al servicio y disposición por atender a quien se les acerque en demanda de alguna ayuda o resolver un problema.

Los dos han pasado por los mismos cargos, pues Federico ya fue secretario de Educación y dirigente de la Sección 39 del Snte, por lo que su actuación ha sido positiva en todos los aspectos. El profesor Guillermo participó activamente como colaborador de su hermano durante su desempeño como dirigente sindical y por méritos propios fue también líder de los maestros estatales; ahora, al frente de la SEP, también se preocupa porque los docentes tengan un mejor ambiente para desempeñarse en bien de la niñez y juventud colimense.

El hecho de que “Memo” se dedique en cuerpo y alma a visitar con frecuencia los centros de trabajo, deja en claro que por sus venas corre la sangre magisterial, pues nieto e hijo de profesores, lógico es que él también quiera esa profesión y, ahora siendo el responsable del proceso educativo, ponga todo su empeño para que la educación que se imparta en Colima, verdaderamente sea de calidad.

Sin embargo, no todo es miel y dulzura al interior de la SEP, pues hay individuos que, aprovechando la nobleza del profesor Guillermo, han logrado colarse al equipo de colaboradores, pero no para dar lo mejor de sí mismos, sino para poder disfrutar las canonjías que según su criterio les dará el ser funcionario, aunque sea de lo más irrelevante.

El caso que me guió a hacer el presente comentario se remonta al tiempo en que despaché en la Dirección Federal de Educación Primaria, cuando observaba que algún maestro, proveniente de alguno de los municipios más alejados de la capital, llegaban el lunes y les hacían venir todos los días, para simplemente otorgarles una Constancia de Servicios, pues no faltaban justificaciones de lo más absurdas, como eso de que la responsable del sello oficial no vino porque pidió licencia, que la encargada de entregarle la constancia faltó y así, hasta que el viernes, luego de la una de la tarde, se les antojaba darle su documento.

Por lo anterior, decidí, cuando llegaba algún maestro, le cuestionaba a qué iba, y si me decía que por una constancia, le pedía a la secretaria de estadística que se la elaborara y personalmente iba a ponerle el sello oficial, firmándola en ausencia del titular de la dependencia y así, en menos de 30 minutos, le resolvía su problema al maestro.

Algo similar sucede ahora, en que un funcionario sin criterio impide que las constancias las recoja algún familiar del maestro solicitante, argumentando, igual que antaño, simplezas y todo para que se le deba el favor a quien, demostrando su medianía, tiene un cubículo como de Jefe de Departamento, en el que procura que sobresalga su personalizador en el que antes de su nombre están las siglas M.C., o sea, Maestro en Ciencias, pero será “ocultas”, echando así por la borda el magnífico concepto que se tiene del titular de la SE.

Es por ello que ahora que el maestro Guillermo Rangel, por indicaciones de la SE Federal, puso en marcha un programa para regularizar a los maestros comisionados, es momento de que ponga en su lugar a personas que se colaron en su equipo de trabajo, enviándoles de nueva cuenta a desempeñarse como profesores de grupo, y si es en el medio rural, donde hacen falta profesionistas mejor preparados para combatir la ignorancia.

Es cuanto.